El regreso de Carmen Aristegui

Cada persona es un mundo y, al mismo tiempo, es los errores que le hace cometer su reducido campo de visión. En este sentido, cuando se le imputa a la periodista Carmen Aristegui una parcialidad que se decanta negativamente por las derechas mexicanas no queda más que aceptar tal afirmación. Y es que en un país donde las derechas dominan las cúpulas de poder, considero, no queda más que agradecer que exista un nicho periodístico que nos ayude a reconocer el olor a podre que desprenden los tentáculos del poder que se extiende a los medios de comunicación tradicionales. Este 16 de enero de 2017, Carmen Aristegui vuelve a abrir un espacio para que su voz se escuche y para que los mexicanos podamos disfrutar de un noticiero que no esté de lado de los poderosos y que nos permita mirar las cosas desde otra perspectiva.

El valor de Carmen reside en eso que nos cuesta trabajo a la mayoría de las personas: la perspectiva. Los noticieros tradicionales, lo sabemos, a veces a voces, a veces con certeza, a veces con dudas, manipulan las noticias para favorecer a algunos (y ¿quién no manipula cuando se trata de la información?); y cuando, yo al menos, escucho a Carmen Aristegui, reconozco que me dice las cosas de otra manera, que se posiciona en otro ángulo que no es el de los noticieros tradicionales y que ese ángulo me agrada, me abre otra perspectiva. Y más aún cuando vemos que es una periodista que no ha podido ser silenciada por un gobierno en franco declive y cuya credibilidad no sólo está en su peor momento histórico, sino que además ayuda a la credibilidad de terceros, como es la voz de Carmen. ¿Y cómo no?, si son esas voces incómodas las que nos obligan a ver las cosas desde otras caras… son esas voces las que nos dijeron: este gobierno está haciendo mal las cosas y las consecuencias van a ser desastrosas.

Otra palomita para su gran equipo: ha apostado por el segmento de mercado en el que es más fuerte y en el que se han convertido en influencer, el cada vez más impresionante mundo del INTERNET. Creo que Carmen no sólo está demostrando lo que es tener pasión por el periodismo (y probablemente mucha ayuda de terceros ocultos a los que les conviene tal periodismo), sino que además es parte de un parteaguas para el México contemporáneo, cuyos miembros vemos con asombro como los medios de comunicación se transforman. Y es que Aristegui se suma a proyectos tan interesantes como Proceso TV, donde esas voces que en otros tiempos tenían muy poco eco, de pronto pueden tener millones de seguidores ávidos de algo diferente, porque, como vuelvo a repetir, la información puede parecer siempre la misma (a veces) tanto con Carmen como en Televisa o en TV Azteca, pero no, la forma en que se presenta la información siempre es diferente e importante. La información hay que analizarla, hay que comprenderla, hay que desgajarla y examinar a sus actores, las acciones que la conforman, los elementos que la componen, etc. Carmen Aristegui logra su credibilidad gracias a que, desde su muy particular campo de visión, se toma el tiempo de desgajar la información de la manera en la que nos gusta a los que ya nos aburren los medios tradicionales. Y eso se agradece.

Probablemente mi voz no llegue al equipo de trabajo de Aristegui, pero realmente agradezco, y los mexicanos deberíamos estar muy orgulloso también, de que existan personas de este tipo en un país que nos desilusiona muchas veces. Bienvenida Carmen, a ti y a todo tu equipo de trabajo, ojalá nos dure mucho tu voz por estos medios.

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La existencia de Dios (reflexión)

Existe una cita de Carl Gustav Jung que es pardójica:

“Todas las épocas anteriores a la nuestra creyeron en dioses, de una u otra forma. Sólo un empobrecimiento sin parangón del simbolismo podía permitirnos descubrir que los dioses son factores psíquicos, es decir, arquetipos del inconsciente. Es indudable que este descubrimiento resulta aún difícil de creer. ” 1

Y digo paradójica porque como lingüista es interesante mirar, otra vez, como caemos en la trampa del lenguaje…  Una de las implicaciones de tal pasaje, me parece, es esa en donde de una manera velada se vuelve a afirmar lo que nuestra sociedad enarbola como axioma cultural: la inexistencia física o metafísica de la divinidad. Si los dioses son psíquicos, ¿existen? Y nos resulta paradójico que un hombre cono Jung, individualidad excéntricamente mágica en una época de extrema racionalidad, parezca rendirse nuevamente ante tal axioma aun a sabiendas de lo tramposa que puede ser una afirmación de esta envergadura (y aquí supongo su conocimiento de las trampas del lenguaje).

Pero, ¿por qué?, ¿por qué se cae nuevamente en la trampa del discurso?, ¿por qué es engañosa la afirmación de la inexistencia metafísica –ya no digamos física− de la divinidad? Existen, considero, cosas que siempre escapan al discurso… en realidad, la mayoría de las veces el discurso es el que nos parece tan reducido, que creo más adecuado decir que es siempre el discurso el que intenta imponer un corsé de fuerza a la realidad que es, en contraposición, inabarcable e indomable. Y es esa sutileza, la sutileza de creer que un discurso ha agotado las posibilidades, la que nos hace dar esos resbalones, pues ningún discurso, sea cual sea su extensión, su comprobabilidad empírica, su utilidad social, etc., puede dar cuenta de lo inabarcable de lo real.

Sin meterme en esa discusión un tanto estoica y hasta cierto punto interminable de si lo real existe objetiva o subjetivamente, permítaseme la licencia de decir que lo real es eso que esta fuera de nosotros mismos (pero, donde también nosotros somos reales porque formamos parte de lo que está fuera de un otro); todo ese entorno complejo, que va más allá de mi colonia, más allá de la tierra, más allá del sistema solar, más allá del universo, más allá de lo que no sabemos si es universo o no, más allá de la duda de lo que existe más allá, todo eso es, dígamoslo temarariamente, LO REAL. Sin emabrgo, también es cierto que lo que ha venido a demostrar la historia, la psicología y los estudios de la mente, es que el constructo de lo real a nivel “subjetivo” lo utilizamos para movernos en todo aquello que es realidad “objetiva”. Es por ello que en realidad no perdemos nada, PORQUE LO ÚNICO QUE QUIERO DECIR Y RESCATAR ES QUE EL DISCURSO ES SIEMPRE ESA REALIDAD SUBJETIVA QUE IMPONEMOS A LO INABARCABLE Y A VECES INCOGNOSCIBLE DE LA REALIDAD “OBJETIVA” QUE NOS SOBREPASA.

Y lo dicho anteriormente es lo que pone en tela de juicio cualquier afirmación sobre la inexistencia de la divinidad. Somos seres inmiscuidos en la creación, formamos parte de ella, somos, en términos generales, objeto en el objeto, caminamos y vivimos en esa realidad objetiva que nos sobrepasa. Haciendo uso de una metáfora un tanto cuestionable y arbitraria, estamos a ciegas en cuanto a lo que pasa más allá de ese objeto en el que nos movemos (de ahí que la ciencia tenga siempre un límite: el límite de lo que es empirícamente comprobable). Y el querer comprobar la existencia o inexistencia de la divinidad supone un movimiento imposible, en términos epistemológicos, de nuestra posición de objeto en el objeto.

Pensemos, hipotéticamente, que existe una divinidad y que todo la realidad “objetiva” es su creación, pensemos que esta divinidad X tiene en su poder un Y (la realidad objetiva) en donde estamos nosotros insertos como entidades Z; el movimiento requerido para comprobar la existencia o inexistencia de X es que Z –que duda de tal existencia o inexistencia porque su campo de visión se reduce a Y− se mueva fuera de la escena en la que X tiene en su poder a Y o en donde, alternativamente, Y no existe en relación con un X (que supondría la comprobación de la inexistencia de la divinidad). Es decir, tendríamos que salir de Y, la realidad inmediata en la que nos movemos –cuya naturaleza en términos científicos no alcanzamos todavía a comprender−, para posteriormente salir del ámbito en el que X y Y “posiblemente” se relacionan para convertirnos en un Z’ que valúa si existe o no tal relación. Y esto considerando que X sea una divinidad diferenciada de Y (visión trascendente de la divinidad) y no que sea parte consustancial de Y (visión inmanentista de la divinidad), donde la complejidad radica en que Z, que reside en el interior de X-Y, tiene la obligación, para comprobar la existencia o inexistencia de X, de distinguir aquello que es X de aquello que es Y, pero como X y Y son inmanentes, por default, es imposible saber si, siquiera, existe una diferenciación, aún más, darla por sentada es asumir la existencia de X; y, en términos todavía más peligrosos, ¿cómo distinguir entre Z, que por su estar en X-Y es, por default, X-Y, de X-Y? Ni siquiera estaríamos en posición de afirmar que nosotros no somos X.

Lo que sí estamos en posición de asumir, con plena conciencia, es que si aceptamos o no la existencia de la divinidad, debemos vivir en consonancia con cualquiera de tales elecciones, es decir, debemos ASUMIR UN DISCURSO QUE EXPLIQUE NUESTRA RELACIÓN CON LA REALIDAD. Pero cualquiera de esos discursos es UNA IDEOLOGÍA, porque es imposible comprobar ya sea experiencial o físicamente la existencia o no existencia de la divinidad; es un constructo discursivo en el que permitimos que la existencia o inexistencia de la divinidad forme parte de nuestra organización del mundo. El peligro, como sucede en la afirmación de Jung, reside en dar por descontada esa imposibilidad epistemológica de conocer la existencia o inexistencia de la divinidad. Desde el terreno de la psicología, incluso, deberíamos preguntarnos si no los arquetipos también son constructos psico-discursivos casi prehistóricos que se imponen sobre el mundo y que permiten categorizarlo y enmarcarlo de manera inconsciente, pero que no por ello dejan de ser maleables y mutables, ya que representan partes de la psique, pero, al final, no son la psique en sí misma sino el modo en que ésta se representa a sí misma. Naturalmente existen lazos entre la realidad y el arquetipo imposibles de cambiar, ¿pero son así de estables?, ¿la realidad psicológica de la divinidad es una negación inmediata de la existencia en la realidad de la divinidad?, ¿la realidad psicológica de la divinidad, si se acepta la existencia real de ésta, es la descripción fiel de la divinidad misma?, ¿la sola integración de lo masculino y lo femenino en la realidad psicológica del individuo se traduce inmediatamente en un conocimiento pleno de la divinidad?, y si el hecho de considerar a la divinidad como masculina y femenina a la vez está condicionado por la realidad psíquica que a su vez es una traducción psicológica de lo real, ¿qué validez tiene entonces cualquier discurso que está empañado por esa interrelación entre la psicología del individuo y la realidad misma que lo sobrepasa?

1. JUNG, C. Obras Completas, vol. IX, pág.72. En Edward C. Whitmont (1998), El retorno de la diosa. El aspecto femenino de la personalidad, Paidós, p. 31.

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El gasolinazo mexicano y la Ford de Trump

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Foto cortesía de Nación 321

La situación actual del país me hacer recordar aquellos años antes de la Independencia y la Revolución Mexicana en que el descontento se hacía, poco a poco, cada vez más evidente. Y, como en ese entonces, las clases en el poder ignoraban los signos de lo que se avecinaba. Ciertamente, en esta época es difícil predecir la posibilidad de un estallido social: hemos estado tan cerca de éste y, en pocos días, hemos visto como rápidamente se desvanece; lo que es indudable, sin embargo, es que este país nos huele a descontento, a hartazgo de la clase política y a ansia de cambio. El gasolinazo del que todos los mexicanos sabíamos y con el que recibimos este año que comienza vuelve a poner el dedo en la llaga: México se está convirtiendo en un polvorín que nos sorprende con estallidos inesperados. Llevamos tres días con carreteras cerradas, toma de gasolineras, saqueos, vandalismos, consignas, marchas y un sinfín de conflictos localizados que se extienden a lo largo de la república y que le toma el pulso a los ciudadanos. Pero, ¿qué significa el gasolinazo y por qué es preocupante?

No soy un experto en política, pero el ambiente en el que se desarrollará la economía mexicana los próximos años es oscuro. El ascenso de Trump al poder y la política económica de Peña Nieto nos ponen en una posición desfavorable. Y es que la política pragmática y abierta del presidente mexicano abre las puertas a, digámoslo así, la inversión extranjera que, según los cálculos de la actual administración, permitiría un mayor flujo de capital en la población que, en consecuencia, aumentaría su calidad de vida y su nivel de poder adquisitivo, lo que, en teoría, debería traducirse en estabilidad política, contento social y nuestra entrada al primer mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, hemos asistido al ascenso en el primer mundo de una clase política xenófoba que quiere concentrar su esfuerzos en consolidar e iniciar un camino nacionalista y proteccionista que frene el fenómeno que ya viene presentándose desde algunos años: el conflicto de poder mundial que supone la emergencia de nuevas potencias y que genera una sensación de caos y de inestabilidad que, naturalmente, aterra a las sociedades que ven disminuir su poder e influencia en el mundo.

Justo a un día de las protestas del gasolinazo, se hace viral la noticia de que la empresa automotriz Ford cancela una inversión de 1,600 millones de dólares. Vivimos en una paradoja. Un país que se abrió al extranjero, gracias a una política neoliberal priista, mira como, el principal beneficiado del TLC, Estados Unidos, se retira auspiciado por una administración emergente que va a poner en jaque muchas de las inversiones exteriores que se esperaban en el país. Es en este contexto en el que el gasolinazo debe preocuparnos a todos, porque no sólo está poniendo en evidencia que el poder adquisitivo de los mexicanos no ha visto los beneficios que la administración peñista había proyectado, sino que, además, ahora la población mexicana tendrá que enfrentarse al hecho de que, al concentrarse en el capital externo y en los beneficios a corto plazo, el capital interno que sustentaría la posibilidad de una competencia justa es inexistente. México no tiene un mercado interno fuerte, no existe un desarrollo tecnológico constante, ¡vaya!, no existe ni siquiera desarrollo tecnológico, las empresas mexicanas, entre ellas PEMEX, no tienen la capacidad tecnológica ni de mercado para enfrentarse al tú por tú con empresas extranjeras que mueven sus hilos en un nivel transnacional y no nacional −empobrecido− como PEMEX. El gasolinazo, por ende, nos obliga a plantearnos más preguntas: sin la inversión esperada del extranjero, ¿cómo va a mejorar el poder adquisitivo de los mexicanos?, y, si las gasolineras extranjeras entran al mercado interno, ¿cómo afectará esto a PEMEX y a la competencia de precios?, ¿PEMEX está preparado para hacer frente a una producción que no sólo puede resultar más barata sino también más rápida, más eficiente, y que brinde una sensación de modernidad de la que PEMEX carece?, si esto pasa con PEMEX, ¿qué les espera a los otros mercados?, más aún, ¿fue una buena estrategia abrir el mercado interno al extranjero, debilitando sus virtudes y potenciando sus defectos, sin haber medido el pulso político que guiaría las sorprendentes elecciones en EUA, Colombia, UK, etc.?

El gasolinazo también nos enseña que lo que empezó con descontentos muy localizados como el EZLN en Chiapas y que luego se potencializó con las autodefensas, con las protestas multitudinarias tras la desaparición de 43 normalistas y el gran desasosiego que el crimen organizado ha hecho pulular por el país desde hace años, ahora toca sectores mucho más heterogéneos: ¿quién protesta por los gasolinazos?… aquellos que tienen un auto: la clase media que, en los conflictos anteriores, no se había identificado o que ni siquiera se había preocupado por esos problemas que parecían muy alejados de su realidad. Ni siquiera es el sector estudiantil, que fue el más indignado por la desaparición de los normalistas. La heterogeneidad del descontento debería poner en guardia a la clase política, ya que la inestabilidad en el país podría agravarse si es que se da el caso del aumento en los productos de necesidades básicas: los alimentos; y si algo nos ha enseñado la historia es que un pueblo con hambre es un pueblo rabioso y listo para el ataque.

ADELE– 21

adeleMe gustaría comenzar con una artista que ha marcado mi vida de manera muy profunda en poco tiempo: ADELE

Y, claro está, hablar de EL álbum de su exitosa carrera: 21

Seguramente se ha dicho mucho de este disco. Y no creo aportar nada nuevo. Pero, aun así, quiero relatar de forma rápida y amena lo que me atrae de este trabajo.

VOZ: Adele es una cantante de influencia soul y R&B en el trabajo vocal, es notoria la gran potencia que logra con el belting y el filo de su registro. De hecho, si pudiera crear una metáfora para definir su voz, diría que, en sus momentos más álgidos, es una VOZ CORTANTE COMO EL CRISTAL: de pronto nos sorprende con esas notas que rasgan sus cuerdas vocales y que denotan por supuesto, una falta de técnica, pero que por eso mismo se presentan más vívidas y personales. Logra rasgarnos con su voz punzocortante y, si a ello le agregamos el trabajo en la composición de las letras, creo que es evidente el porqué de esa gran pasión que suscita en las masas y de porqué remueve de manera profunda las emociones: SU VOZ ES SINONIMO DE DOLOR, porque el dolor es siempre una rasgadura, un corte.

CANCIONES: algunas de mis favoritas.

  • Rolling In The Deep. Es un crescendo, el marcaje del ritmo con el tambor nos lleva de la mano. El fuego que crece se percibe en la melodía y estalla en el coro. Toda la canción es una metáfora del fuego. Y también una metáfora de esa transición entre el dolor y la superación.
  • Rumour Has It. Es una niñeria. Es burla. Es una sorna a sí misma y al amante que va y viene. Pero, al mismo tiempo, es la mujer que se recupera y se ríe relatándonos: me cuentan por ahí que sigues pensando en mí.
  • Don’t You Remember. Es una larga meditación. De hecho, los melismas en el coro parecen decirnos: la memoria es larga, es persistente, y por eso son tan largas las vocales. Es también una súplica: remember, remember, remember.
  • Set Fire To The Rain. Lluvia = llanto, tristeza, angustia, dolor. Fuego = olvido, promesa (estaré bien), grito. Una oda a la contradicción: te lloro, te olvido, te lloro, te olvido.
  • One And Only. Un susurro. Algo estoy sintiendo, otra vez: me he enamorado. Mírame: seré tu promesa, la única.
  • Someone Like You. Te busco otra vez. Alguien como tú: nunca te olvidaré, estarás presente en el siguiente amor, así, ad infinitum.

ARTE: Los tonos grisáceos de la portada nos dicen desde ya de que va el álbum: dolor, nostalgia, vintage, lo blanco y negro del soul y el R&B. Ojos cerrados: aún no se atreve a vernos (como lo hará en 25), se encierra en sí misma y sufre. Ladea la cabeza y sube una mano para apoyarse levemente: pensativa, lejana, el drama interno que vierte en sus canciones.

La hidra

He leído muchas cosas acerca de cómo crear un blog, cómo crear un espacio para ti, en el que te puedas descubrir y desde el cuál te puedas dar a conocer a los demás. Muchos de los consejos se reducen a uno: crea un perfil con una determinada tendencia, especialízate y sé el mejor en tu área. Y es un buen consejo. Después de todo, ¿no vivimos en un mundo cada vez más complejo que requiere personas especializadas para dar soluciones prácticas y dirigidas a un objetivo específico? Y, sin embargo, no me satisface. ¿Por qué?, porque no soy un perfil solamente, de hecho, me molesta encasillarme a mí mismo en una tendencia. ¿Debería escribir sólo de música?, ¿debería escribir sólo de literatura?, ¿debería abrir un blog para la cocina y otro para la política?, ¿y para mi poesía?, ¿y para mi filosofía?, ¿y para mis opiniones? Y me detengo a mirar la complejidad de mí mismo y me cuestiono la validez de encerrarme en un determinado tema, de limitarme a escribir de una sola de las tantas cosas que me gusta hacer. Es un pensamiento que detiene y te mantiene en un status quo, porque, después de todo, limitarme a un tema implica olvidar los demás, implica volcarme en un solo punto y olvidar que soy más que un tema, más que un punto sin chichones, soy una persona compleja con aspiraciones diversas, con problemas diversos, con sueños diferentes cada noche y con sentimientos que van de lo oscuro a lo claro durante la mayor parte del día. Eso me agrada.

Soy un ser humano con muchos perfiles, con muchas aristas. La especialización genuina, no obstante, no es mala, y es muy probable que yo mismo tenga conocimientos más profundos de un tema que de otro; pero es pedir peras al olmo en un mundo que cada día nos exige un poco más. Este mismo medio nos catapulta a una red compleja de interrelaciones, podemos iniciar escuchando música en YouTube y terminar en un página dónde se discute la plataforma política mundial de estos días, o en una página de consejos amorosos para esa relación en nuestras vidas que no va nada bien, o en una página con fotos hilarantes, o en algún quiz que nos dice nuestra personalidad según sepas distinguir entre colores más o menos iguales o entre imágenes sobrepuestas que a su vez forman otra imagen… ¿me explico? Yo mismo siento que internet me pierde, que me exige abrir mis horizontes un poquito más cada día y que no basta con saber mucho de un tema. Desde que me despierto hasta que vuelvo a la cama, soy bombardeado y yo mismo me bombardeo con miles y miles de cosas que no se dirigen a un mismo punto: soy muchos temas, soy mis opiniones, soy mis lecturas, soy mis pasiones, mis hobbies, mis estudios, mi familia, mis amigos, mi intimidad en el cuarto y mi extroversión en la calle, soy enojado y al mismo tiempo soy el error que supone el saber de todo un poco. Y esto es quizá lo que nos lleva a rehuir de nuestra complejidad: el miedo al error. El que rehúye de la especialización domina un panorama general pero yerra más cuando intenta focalizar su atención en un asunto particular.

El que se especializa tiene respuestas, y no siempre es así, para problemas específicos de un área específica en un momento específico. Y ¿qué haríamos si no fuera así?, ¡qué bueno que hay gente especializándose en un mundo en que las cosas se complejizan rápidamente!, pero creo que esto le quita la cara más humana a nuestras dedicaciones, a nuestros empleos y a nuestra misma capacidad de ser más que, por ejemplo, un lingüística como lo soy yo. Nos quita los ratos de ocio que dedicamos a cantar, a leer, a escribir, a estudiar otras cosas, a mirar el mundo con esos lentes que nos gustan pero que no nos ponemos diez o veinte horas al día para tratar de ganarnos la vida.

Este blog, Perfiles, quiere ser un honrarme a mí mismo. Siempre he querido tener un espacio que refleje quien soy más allá de la careta que me pongo cuando pretendo ser especialista en los temas que mejor domino, y hasta ahora no se me había ocurrido que la mejor manera de hacerlo es dejar ver las tantas caras que soy: como una hidra de mil cabezas, asomo mis ojos a diversos campos, a diversas áreas, las tanteo, las aplico, en algunas me quedo más tiempo, a otras voy de vez en cuando, otras ni siquiera las he visitado, pero cada una me abre un mundo nuevo y diferente, cada una me hace quien soy, y, en una red en la que todos pretendemos ser super-hombres, ¿no es mejor aceptar que tan sólo somos seres que pueden aburrirse de siempre estar en el mismo sitio?