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De proyecciones psicológicas e irresponsabilidad social…

Uno de los términos psicológicos que más ha tenido éxito en la sociedad contemporánea es aquel de PROYECCIÓN, es decir, el movimiento psicológico en el que, en una relación, el sujeto proyecta sus “carencias” o su imagen de sí mismo en un otro cualquiera con el que ha formado un lazo comunicativo y psicológico. Y aunque tal término no sólo sea útil en psicología sino que además representa, para aquel que hace consciente la proyección, un dominio de una parte de sí mismo que ha condicionado su vida de manera inconsciente, el uso del concepto y de algunas de sus definiciones han cuajado en la sociedad de una forma un tanto extraña: se piensa que la proyección es aquello que hace que entremos en conflicto con los demás, pero, sobre todo, que es aquello que nos permite deshacernos rápido de un problema. El problema de tener que darle explicaciones al otro.

Y uno de los argumentos que esgrime la psicología de calle, quizá impregnada por el espíritu relativista, es que la intolerancia y la crítica siempre son una proyección del yo sobre el otro, de tal modo que el yo, en un movimiento inconsciente, siempre se juzga a sí mismo al juzgar a los otros. Este uso cotidiano de términos psicológicos no bien conocidos por la sociedad, tiene varias consecuencias nefastas para las relaciones humanas: por un lado, hace creer al sujeto que realiza el juicio que su punto de vista es inválido en tanto que, al emitir su juicio, se juzga a sí mismo, y… ¿quién es capaz de aceptar su proyección psicológica sin la consecuencia inmediata de ser intolerante contra sí mismo?; por otro lado, hace creer al sujeto objeto del juicio, que el punto de vista del otro es inválido en tanto que la proyección redirige el juicio del emisor al emisor mismo, de tal modo que el  receptor queda salvaguardado en la creencia de ser sólo objeto de una proyección y no parte de un circuito psicológico que se instancia en el momento mismo en que se forma el lazo social. Esto genera la creencia egocentrista de la autosuficiencia y elide la autocrítica, pues, en primer lugar, ciega al sujeto emisor, dado que relativiza su postura y le hace dudar de su sí mismo al subjetivizar en extremo sus argumentos, esto es, lo coloca en una posición donde no existe el diálogo y donde su interpretación de los hechos no tiene valor en sí, pues siempre está impregnada de la proyección de sí mismo, pero, por el otro, le hace creer al receptor que su posición en el circuito psicológico es intocable, es decir, que su participación en el diálogo es tan limpia y autónoma, que la crítica dirigida a él carece de fundamentos reales. Esto supone que el uso corriente de un término psicológico como el de la “proyección” (tú te proyectas en mí y por eso no me toleras), genera una ruptura no sólo en el circuito de habla sino en el circuito del lazo social: al emisor le obliga a dudar de sus propias interpretaciones y de su responsabilidad consigo mismo y al receptor le evita la pena de lidiar con la crítica y de su co-responsabilidad en el lazo social. Y, como este movimiento es recursivo, dado que el circuito de habla siempre convierte al sujeto en emisor y en receptor, es el mismo sujeto el que sufre las consecuencias de la ambivalencia: si la crítica al otro es inválida en tanto que autocrítica, este sujeto se convierte en el depositario del déficit en la comunicación y al mismo tiempo en el sujeto sin culpa, pues la crítica que le pueda dirigir algún otro, siempre es una proyección inválida: NO PUEDO HACER UN JUICIO, pues me proyecto, PERO TAMPOCO ME LO PUEDEN HACER A MI, pues se proyectan.

Esto hace que el sujeto tenga dos estados según su posición: o es aquel que carga con todo el peso psicológico de los problemas que surgen en el lazo social instaurado, o es aquel que va depositando todas las culpas en el otro, sin ver su corresponsabilidad en la aparición de tales cargas psicológicas. De hecho, esto produce un aislamiento comunicativo, porque lo categórico de tales posicionamientos evita lo dialógico. Si el dialogo se sostiene en la retroalimentación lingüística y psicológica, el sujeto que emite el juicio no encuentra una respuesta satisfactoria, pero aquel que recibe el juicio no encuentra tampoco una respuesta satisfactoria, porque la emisión, el signo lingüístico, se ha quedado en el aire: “no sé si es para ti o para mí” (diría el emisor) y “no hago caso a tu proyección” (diría el receptor). De tal modo, ambos van por la vida con dos creencias compatibles pero contrarias: uno no cree en sus propias interpretaciones y el otro no cree en su corresponsabilidad. ¿Cómo es que el sujeto, que es emisor y receptor según el momento en que se encuentre, puede validar su punto de vista desde esta perspectiva?, y, ¿cómo puede mejorar en sus relaciones sin ver que la crítica, aunque no tiene que ser totalmente verdadera, sí es parcialmente la imagen que le presenta al mundo? Más aún, la proyección psicológica supone que el encuentro entre dos sujetos nunca es casual, que ambos se proyectan de tal modo que sus déficits psicológicos embonan como un rompecabezas, es decir, que ambos son proyecciones del otro y que las críticas, aunque son auto dirigidas, también le muestran al otro su problema, lo desnudan y le dicen: esta es tu responsabilidad en el lazo social que hemos instaurado.

Si el sujeto dejará de pensar que todo es una proyección –que, ¡oh paradoja!, sólo se logra al reconocer y descifrar la proyección propia−, podría discriminar lo propio de lo ajeno, pues, en primer lugar, podría validar su propio posicionamiento de modo tal que su ego ponga coto a la crítica del otro, es decir, el sujeto podría entrever en el tejido del discurso del otro aquello que no le pertenece de aquello que sí. Y es que es en el discurso en el que podemos descubrir nuestras intenciones, nuestros deseos y nuestras carencias, pues en lo que decimos y en lo que pedimos es en donde mezclamos nuestras intenciones −lo que queremos para el otro y del otro−, y nuestros vacíos −lo que queremos que el otro llene de nosotros−. Y esa es la magia de aceptar las proyecciones, aun cuando no conozcamos la propia, pues si entramos en el dialogo con la intención de comprendernos (tanto a nosotros mismo como a los demás), rápidamente se puede descubrir la injusticia de pensar una relación con el “yo todo lo hago bien”.

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SERIE: Devious Maids (temporada 2)

Oh, yes! Rich women always complain about their maids to their friends… They complain about us, we complain about them… is the circle of life. – Rosie

  • Creador: Marc Cherry
  • Lenguaje: Inglés
  • País: Estados Unidos.
  • Capítulos: 13.
  • Duración: 45 min c/u.

¿DE QUÉ VA?

Opal Sinclair (Joanna P. Adler) trabaja como sirvienta para Nicholas Deering (Mark Deklin), quien, descubrimos en el primer episodio, se compromete en matrimonio con Marisol Suarez (Ana Ortiz). Sin embargo, Marisol descubrirá rápidamente que entre Opal y Nicholas existe un trato no dicho que esconde secretos: parece ser que no sólo la muerte de Dahlia Deering (Susie Abromeit), la ex esposa de Nicholas, los ha hecho cómplices durante muchos años, sino que también comparten una historia pendiente con alguna de las familias que integran el vecindario de Beverly Hils. ¿Por qué Nicholas ha soportado tantos años a Opal?, ¿por qué Ethan Sinclair (Colin Woodell), hijo de Opal, figura en el testamento de Nicholas?, ¿Dahlia se suicidó realmente?, Marisol tendrá que hurgar en el pasado de los Deering para descubrir las respuestas a estas preguntas.

LO BUENO:

  • La nueva plantilla de actores añaden un nuevo atractivo visual que se agradece.
  • Hay varios diálogos rescatables que dan al guion un brillo peculiar.

LO MALO:

  • Las historias construidas en la temporada anterior comienzan a perderse debido a la salida de varios actores que fueron fundamentales en la primera temporada.
  • La introducción del nuevo misterio obliga a desbalancear la base original de la serie: la sirvienta sobre la que se construye el misterio no es latina. Se pierde en lo esencial el alma de la serie.

Sanitary time: from PRI to Donald Trump

I would like to say something that, maybe, is not going to be seen well by American people but which, I´m afraid, is true: the presidential situation in the United States is similar from that of Mexico in 2012, with its exceptions of course. Is similar because it seems to be a historical retrogression and a defeat of a “progress time” represented by Barack Obama. The same as we started with the PRI’s return to the political power in 2012, EUA has started a period that I would like to name a sanitary time, I mean, one last chance for the old regimen to show us that is obsolete. In Mexico, we are living, since that 2012, a transition that have been demonstrating that our attachment to the old strategies which PRI represents has to end, and that we have to search for a new form to make politic. Our horizon is not clear, because although we have options for making a change in 2018, we have to recognize that perhaps our options are not the best and that they could represent, in a different way, the same useless political methodologies. Moreover, this is not, only, a political problem, is, maybe the most, a cultural and sociological problem, which is global.

Globalization is an unstoppable phenomenon. And the efforts to go back at that time when the nation limits were clear are, if not childish, at least laughable. This is necessary to say, because we are witnessing not an incomprehensible electoral decision, as it might be seen at the surface, but, more precisely, an unstable social reaction to our time, characterized by a destruction of all the discourses that built not only western culture but also modernity. This is why is very symptomatic that the word “retrogression” is used to described Trump’s triumph as it was used to describe PRI’s return, because retrogression, in these cases, I think, doesn´t mean the same as it could mean before the seventies: our belonging to the informatics revolution make absolute retrogression impossible. Therefore those antiquate powers are under the eye of the global community and pressed by the greater and greater size of the new economies that, obviously, want to rule the world. This is something that American people appeared to forget when they decided that Donald Trump’s speeches reflect exactly what is needed to do to make great America again, just as same as Mexican people appeared to forget when decided that PRI’s return could stabilize again our country just because they have more than 70 years of experience. Mexico forgot that those years of experience were before the informatics revolution and EUA forgot that Donald Trump’s speeches were valid before the informatics revolution.

In Mexico, Enrique Peña Nieto has been so inadequate to manage the situation that almost all predictions suggest that, in 2018, the shift of power is inevitable. I think this is going to be the same scenario in the United States for the next four years: Donald Trump is going to show us that strategies from the international companies’ period are not acceptable anymore. In our time, international and transatlantic power is replaced by global, digital and local power, which challenges companies that hold his power in monopolistic and centralistic practices –we need to keep in mind that Trump’s strategies are more like business practices than political ones−. This made a political plan based on an old dream of America only for the Americans unfeasible. We will see if these speculations are true or we are really facing a real retrogression with the presidential inauguration of Donald Trump, even though I put all my hopes in historic inertia, which so many times has demonstrated that cultural revolutions are imperceptible but inexorable.

(I’LL BE THANKFUL IF POINT OUT GRAMMATICAL ERRORS FROM THIS PAPER)

SERIE: Devious Maids (temporada 1)

I think what you people do is heroic. You wash clothes you can’t afford. You polish silver you will never dine with. You mop floors for people who don’t bother to learn your last names, and still you dare to dream of a better life. I am in awe of your determination to succeed in this great country of ours. That said, if you don’t stop screwing my husband, I’m going to have you deported. Comprende?  – Evelyn

  • Creador: Marc Cherry
  • Lenguaje: Inglés
  • País: Estados Unidos.
  • Capítulos: 13.
  • Duración: 45 min c/u.

¿DE QUÉ VA?

Flora Hernández (Paula Garcés) es una sirvienta en los suburbios de Beverly Hills que trabaja para los Powell (Rebecca Wisocky y Tom Irwin). En una fiesta dada en las casa de sus patrones, se revela que Flora mantiene una relación con Adrian Powell… minutos después, es asesinada. La vida de sus tres amigas: Carmen Luna (Roselyn Sánchez), Rosie Falta (Dania Ramírez) y Zoila Díaz (Judy Reyes), parece seguir su curso normal (como empleadas domésticas) aun después del asesinato, hasta que Marisol Suarez (Ana Ortiz) se hace pasar por Marisol Duarte y comienza a trabajar como sirvienta para los Stappord (Brianna Brown y Brett Cullen). Esta nueva empleada está muy interesada en el asesinato de Flora Hernández, y poco a poco logrará entrar a la casa de los Powell para husmear en los secretos turbios que esta pareja esconde en su mansión y, evidentemente, no descansará hasta dar con la verdad. ¿Quién mató a Flora Hernández?

LO BUENO:

  • Es una serie que, en esta primera temporada, promete mucho. El desarrollo de los personajes es bueno y el guion, como acostumbra Marc Cherry, está muy bien trabajado.
  • El misterio principal se diluye muy bien en las tramas secundarias que acaparan los 45 minutos de cada capítulo. Y estas tramas nos prometen mantenernos atados al asiento en las siguientes temporadas.
  • Destaca la profundidad de muchos diálogos. Existean algunas referencias rescatables de la literatura universal que, al igual que en Desperate Housewives, nos dan pistas de las bases sobre las que se construye esta temparada.

CORTO: Meu amigo Nietzsche (Mi amigo Nietzsche)

  • Director: Faustón da Silva
  • Año: 2012
  • País: Brasil
  • Lengua: Portugués
  • Corto de 15 minutos.

¿De qué va?

En una favela del Brasil más azotado por la pobreza, un niño, Lucas, que crece en un ambiente precario y poco educado, tiene problemas para obtener buenas notas en la escuela. Un día, persiguiendo un papalote, llega al basurero de su comunidad, donde por casualidad encuentra un libro de Nietzsche, Así hablaba Zaratustra. Tras unos traspiés con la lectura de la portada, de los cuales sale bien librado gracias a un recolector de basura, comienza a leer ávidamente. La lectura lo transforma, lo que, en un ambiente como el suyo, comienza a preocupar no sólo a su madre sino, irónicamente a su maestra, quien no logra entender al niño que ha leído tres veces a Nietzsche.

Lo bueno:

  • El trasfondo de una sociedad consumida por la miseria contrasta con la repentina aparición de un personaje transformado por una sola lectura.

Miralo aquí:

Análisis (Spoilers)

El corto es una oda a la lectura. Un niño cualquiera encuentra un libro del que es incapaz, siquiera, de entender el nombre del autor: la crítica social es de una profundidad enorme. Su madre y su padre le dicen que “Nietzsche” es una palabra en inglés, una tendera le dice que no sabe qué significa y la ignorancia del muchacho nos dice que tampoco la escuela ha sido capaz de resolver esa laguna. Rendido, decide dejar el libro en un carro de chatarra.

Ahí está la metáfora que permea todo el corto: en medio de la basura, en medio de la chatarra, en el olvido, pueden brillar las joyas de una cultura que espera a aquellos que se atrevan a hojearla. Y son esos lectores, los que viven de recoger la chatarra, los pensadores que no tienen (parafraseando al Papa Francisco) buen mercado, los que alumbran al niño: el recolector de chatarra le explica que Nietzsche es el nombre del autor alemán del libro y qué, a pesar de la dificultad, la lectura será grata.

En efecto, lo es. Una lectura transforma… y Lucas se convierte en un fiel seguidor de Nietzsche, pues es capaz de citarlo después de haberlo leído tres veces; sus calificaciones mejoran; sus palabras calan hondo en una sociedad que no está preparada para ni sabe quién es Nietzsche. En una parodia que resulta conmovedora: la madre confunde al autor con un amigo del niño. Y le prohíbe volverse a juntar con él. Hasta en la escuela, donde se supondría que las palabras de Nietzsche tendrían un espacio, la maestra se escandaliza con el superhombre al que aspira Lucas. No lo comprende. La ignorancia de las instituciones, la incultura en la que viven y, en consecuencia, en la que mantienen a los jóvenes, es puesta en evidencia. ¿Saber más significa obtener mejores notas? La exigencia de esas notas por parte de la maestra y de la madre entran en conflicto con su reacción ante un niño que no sólo mejora las notas sino que se vuelve culto: ¿entonces que es la educación?, parece preguntarnos veladamente el corto. En un movimiento inesperado la madre y la maestra entran en contacto para arrebatarle el libro al niño. Una ironía del director que nos deja boquiabiertos: son aquellos que quieren educación, pero que no la tienen, los que le temen más cuando la miran, pues no la comprenden.

Al final del corto, Lucas, desesperado, corre a buscar su libro al basurero. Quiere más. Regresa al basurero, a aquello que la sociedad ha decidido ignorar (la cultura) y, buscando… encuentra, pero no a Nietzsche, sino a Marx, El manifiesto comunista. El director en una pincelada maestra nos dice: la biblioteca de Lucas es el basurero, es ese lugar donde nuestra sociedad, sumida en la miseria y, al mismo tiempo, ignorante y contemporánea, pone los libros.

El reto Donald Trump

Sin duda alguna lo que se vive hoy en el mundo, con la llegada de Donald Trump a la presidencia norteamericana, son un sinfín de cuestionamientos: ¿qué significa la llegada de Trump?, ¿hasta dónde puede llegar su política de reacción contra los principios liberales?, ¿un empresario puede manejar un país con la envergadura de EUA?, ¿qué nos depara a los países que vivimos mamando leche de las ubres de la vaca norteamericana? Para responder a estas preguntas es necesario decir una cosa: vivimos en un mundo de libertad irreversible. Y a lo que me refiero con esto, es que se ha llegado tan lejos en el proceso de globalización, que es difícil que unos cuantos hombres logren desbaratar este sistema. Y no sólo porque estos nuevos personajes ultra conservadores que se han venido a reproducir en estos tiempos tienen que moverse en un contexto internacional hipercomplejo, sino porque existe un huracán imparable, la conectividad global, que los pone en el ojo de todos los medios del mundo y que les va a mostrar que no es fácil mantener el poder que, así como llega , también puede irse inesperadamente.

Donald Trump es representante y portavoz de un mundo colapsado: el de la MODERNIDAD. A sus 70 años, Trump es la imagen de esa generación que vivió la transición de una época económica de industrias internacionales, sobre la que EUA cimentó su colonización cultural mundial, a una época digital que ha venido a remover el sistema económico, social, político, cultural, etc., y que, en la sociología contemporánea, se ha venido a denominar POSMODERNIDADNuestro tiempo es el tiempo de la transición, porque aunque el concepto de POSMODERNDAD va y viene por el mundo cultural como moneda de cambio, lo cierto es que ni siquiera es una época consolidada. Lo sabemos. Existe un amplio sector de la población mundial que no goza de los avances tecnológicos que han puesto en jaque al sistema de la modernidad pasada, pero es indudable que, como en la época en que el libro era un lujo que algunos cuantos podían presumir, eso va a cambiar. Y lo hemos vivido. La expansión a más sectores de la población de tales tecnologías ha supuesto una revolución cultural que, precisamente, los viejos integrantes de la modernidad de la posguerra ven con horror y sobre la que tejen sus discursos xenófobos y antiglobalizantes. De hecho, Trump es una paradoja: es la generación que cimentó su crecimiento económico en los movimientos internacionales, es decir, los que dieron los primeros pasos a la globalización, y que, viendo el horror que han desatado, quieren echarse para atrás y aferrarse a los “valores” culturales que han olvidado en el camino. Pero, ¿qué valores enarboló la MODERNIDAD que estos nuevos personajes puedan defender? Trump representa esos valores: es un empresario inescrupuloso arrepentido de abrir las puertas a una globalización imparable y que, en un último esfuerzo, va a intentar detener lo inevitable mediante un discurso vacío de nacionalismos baratos que se acabaron tras las Guerras Mundiales. Y no es que no puedan resurgir tales nacionalismos. ES QUE EL NACIONALISMO ES UN DISCURSO QUE LA MODERNIDAD, a la que pertenece Trump, COMENZÓ A DESBARTAR Y QUE, PARA LA POSMODERNIDAD, DEJA DE TENER VALOR, NO POR INEXISTENTE, SINO PORQUE AHORA SE CONFORMA DE PALABRAS VACIAS Y PREHISTÓRICAS QUE NO TIENEN NADA QUE VER CON NUESTRO TIEMPO.

Naturalmente al hablar de Trump sólo lo hago por referirme a un hecho concreto, pero esto también explica el Brexit, los movimientos a favor de la familia natural, los fracasos por reintentar sistemas basados en las viejas políticas de la modernidad, los resultados en el referéndum colombiano. Es decir, entramos en la época en que estos fenómenos van a surgir pero que, si la inercia histórica lo permite, no van a trascender. Porque es una generación vieja y en decadencia que, inevitablemente, tendrá que cederle el lugar a la generación milennial. Los viejos mueren y los jóvenes viven. Y es ahí donde, a pesar del daño que pueda causar la llegada de Trump a la presidencia, conviene detenerse a pensar si verdaderamente este hombre tendrá el poder suficiente para trastocar la política internacional de tal manera que estemos ante un retroceso de proporciones bíblicas. Naturalmente sus decisiones tendrán un impacto internacional importante, pero, como lo vemos en un nivel local, podría ser que Trump vea que, en la época posmoderna, no es tan fácil triunfar con un discurso y una política atada a las viejas usanzas. Y hay que sumarle a tal ambiente cultural una política mundial muy delicada cuyo equilibrio, con cualquier mala decisión, puede dar al traste con la hegemonía norteamericana, por lo que es muy probable que todo su equipo y su partido mismo vayan a tener un papel preponderante en el modo en que este hombre va a conducirse.

Y no se diga de la oposición, en la que quiero detenerme un poco más. Porque una de las cosas que más deben destacar de la investidura presidencial de Trump, es que su triunfo es un triunfo más bien político, pero no un triunfo social. Es el sistema el que le dio el poder y no los votos de la sociedad, porque, como ya se ha dicho mucho, fue Hilary Clinton la que obtuvo la mayoría de votos netos. Entonces Trump llega ya de por sí debilitado a la presidencia –su triunfo tiene cierta analogía irónica con la investidura de Enrique Peña Nieto, cuyo fracaso es ya muy evidente−; su avance político se verá seriamente condicionado por la oposición de una sociedad que no lo quería en la banca presidencial, y este lastre puede ir aumentando con el paso del tiempo, dado que, como él mismo tendrá que comprobar, hacer campaña política es muy fácil: vender discursos, hacer contratos –nuevamente te lo firmo y te lo cumplo−, etc., pero gobernar y manejar los hilos tan delicados de la paz nacional y mundial es otra cosa. Veremos si su lengua, que ha demostrado ser más rápida que su capacidad de perspectiva, es lo suficientemente certera para sortear todos esos obstáculos que tendrá que saltar para cumplir una agenda demasiado ambiciosa y retrograda en una sociedad que ya no es la de su juventud.

Lo que sí puede pasar, y que tienes su polo negativo y positivo, es lo siguiente: que la hegemonía norteamericana se vea mermada con el paso de los años en que Trump estará en el poder. Y esto tiene su lado bueno: la libertad de nosotros, sus vecinos, que hemos sufrido de manera permanente, el peso de los tentáculos omnipresentes de EUA. Desde hace muchos años, o quizá nunca, había habido un presidente norteamericano cuyo interés en nuestro país fuera tan nulo. Las partes malas, sin embargo, se reflejaran en un panorama internacional sumamente movible que quizá se traduzca en una reconstitución geopolítica: nuevas alianzas, fortalecimiento de competidores, nuevos tentáculos que querrá apoderarse de los sectores que EUA deje libres y, es ahí, donde asistiremos quizá a una lucha encarnizada –que puede traducirse, sí, en guerra− para conquistar estos puntos vulnerables del mundo. México, desgraciadamente, es uno de ellos. Y esto reta a nuestro país a reconsiderarse. ¿Qué vamos a hacer con nosotros mismos sin esa presión tentacular?

PELICULA: LIFE OF PI (Una aventura extraordinaria)

  • life_of_pi_2012_posterAÑO: 2012
  • DIRECTOR: Angel Lee
  • Basada en la novela Life of Pi de Yann Martel, basada, a su vez, de la novela Max e os felinos del escritor brasileño Moacyr Scliar.

¿DE QUÉ VA?

Un joven indio que, tras una crisis existencial, se enfrenta a 227 días como naufrago. Tras hundirse el barco que lo trasladaba a él y a su familia de la India a Canadá, Pi (Suraj Sharma) se encuentra varado en el océano pacifico con cinco acompañantes muy particulares: una cebra, una hiena, un orangután, una rata y un tigre; tras algunos acontecimientos quedaran solo él y el tigre. Pi tendrá que aprender a convivir con su único compañero, al que se verá unido no sólo por el temor sino también por la fascinación, la compasión y el amor…

¿QUÉ NOS DEJA?

Película ALTAMENTE RECOMENDABLE.

  • BUENA HISTORIA:el guion, la fotografía, el montaje y la dirección son espectaculares. Hay un buen manejo de la narrativa, ya que nos van soltando poco a poco los puntos relevantes para comprender la trama, misma que nos sensibiliza a una historia en apariencia muy simple pero cargada de significados.
  • MANEJO DE LA FICCIÓN: una de las cosas que más conmueve de la película, es la manera en que la simpleza de la narración pasa desapercibida en la complejidad del significado; al final nos queda una sensación de estar ante una película extremadamente compleja.
  • INTERTEXTUALIDAD: para aquellos amantes de la PSICOLOGÍA, la FILOSOFÍA, la RELIGIÓN, la POESÍA, la CIENCIA y seguramente de otras áreas que en este momento se me escapan, la película pone en la mesa temas espinosos: ¿dónde está Dios?, ¿quién es Dios?, ¿es sólo una religión la verdadera?, ¿qué pasa cuando nos volvemos instintivos?, ¿los animales tiene alma?, ¿solo la ciencia puede darnos las respuestas?, ¿y nuestra mente?, ¿cómo sobrevivimos a los traumas?, ¿puede ser la realidad sólo una construcción psicológica?

ANÁLISIS (SPOILERS)

Alguna vez se han preguntado, ¿QUÉ ES LA FE? Casi al final de la película, Pi (Irrfan Khan) nos suelta una frase llana pero significativa: “Pasó lo que pasó, ¿por qué tendría que significar algo?”. Y es cierto, después de todo, nos damos cuenta que hemos sido nosotros, los espectadores-escuchas, los que hemos puesto significado a toda la trama.

De niño, Pi tiene un espíritu receptivo, abierto a un mundo que no es el de su padre y quizá tampoco el de su madre: ellos, como dice el protagonista, son parte de la llamada “nueva india”, una sociedad occidentalizada que pone su fe, su creencia, en la ciencia, en la razón. Sin embargo, Pi es un niño religioso, es un niño deslumbrado y curioso por las enseñanzas de la religión hinduista, cristiana y musulmana; es un niño que da gracias a Dios antes de comer sus alimentos y que se admira de Cristo, un Dios que sacrificado por y para los seres humanos. Dos mundos entran en choque desde el inicio: la religión y la ciencia. Su padre, decidido a demostrarle a Pi que los animales no tienen alma, hace que Pi y su hermano Ravi observen como Richard Parker, el tigre que acompañará al protagonista en mar abierto, se coma una cabra viva despiadadamente. Este es el quiebre trascendental para nuestro protagonista, que a partir de aquí entra en una crisis existencial donde el mundo y la vida pierden todo su significado. No es extraño… para la religión hindú, el samsara es el ciclo de las reencarnaciones que sufre el alma en su intento por alcanzar el absoluto, por lo que, para Pi, es normal que en los ojos del tigre, haya algo, acaso un alma que hace al tigre digno de respeto y amor; pero su padre ha destruido todo, en un intento de mostrarle la “nueva india”, ha destruido su sensibilidad religiosa. Entonces el joven Pi lee a Camus y Dostoievski, tratando de encontrar nuevamente los significados, se hunde en la literatura para darse cuenta que es insuficiente.

Es entonces cuando llega el amor. Anandi (Sharavanthi Sainath), es una joven bailarina que no es una mera casualidad en la cinta. Ya desde Platón y mucho antes, es el eros, el amor, lo que nos lleva al conocimiento, es el inicio del camino a reencontrarse con el absoluto. De hecho, la danza, en este punto, representa el universo: Anandi es la diosa Maya que, con sus espejismos, sus movimientos, sus atracciones nos esconden al absoluto, pero, al ser una danza religiosa, una danza de la creación, también nos lo descubren: en el deseo del amor por unirse con el otro, es Anandi la que le abre las puertas a Pi para el reencuentro con su viejo amigo: Dios. Sin embargo ella no es Dios y tampoco es el significado que tanto anhela Pi.

Pi es 3.1416, el número irracional que significa Pi, pero, al mismo tiempo, una secuencia de números arbitrarios que no significan nada sino Pi. Recursivamente, Pi se encuentra vacío, y es entonces cuando se hunde el barco que lo trasladan a él y a su familia a Canadá. Queda varado en una barca que, con algunas vicisitudes, da asilo a él y a cinco animales: el tigre, la hiena, el orangután, la cebra y la rata. ¿Tienen algún significado estos animales? No lo sé con certeza, pero lo que nos salta a la vista es una mezcolanza extraña: dos carnívoros, uno de ellos carroñero; un orangután, pariente cercano al homo sapiens; un roedor y una cebra que nos ponen en guardia con su pasividad. Pi tiene que ver como, entre ellos, se matan hasta que sólo queda el tigre, que ha triunfado en la cadena alimenticia en que se convierte la pequeña embarcación. No es necesario detenerse tanto en el viaje, porque este encuentra su significado tan solo al final de la película, pero conviene decir que es un viaje de expiación, Pi redescubre lo magnifico, lo grandioso del mundo, cuando se encuentra solo frente a él. Las escenas de proporciones gigantescas nos sugieren lo que el mundo le quiere sugerir a Pi: Dios existe y está en la inmensidad de lo que te sobrepasa, de la enorme ballena, del cardumen ingente de medusas, de una isla desproporcionada, de miles, millones de suricatas, de miles de estrellas y de una tormenta terrible que no alcanzas a ver con tus ojos. Ahí está.

Pi sobrevive, por supuesto, y mientras su yo adulto nos narraba su viaje, se llega al punto medular de la película: ¿es cierta su historia? El novelista Yann Martel (Rafe Spall) queda confundido cuando Pi le narra la otra versión, la que le contó a los de la aseguradora japonesa que tiene que dar cuenta del barco hundido: la cebra era un marino, la hiena era un cocinero nauseabundo del barco, el orangután era su madre y él era el tigre. El marino, con la pierna rota, es asesinado por el cocinero, quien, además, lo usa como anzuelo para cazar peces; sin embargo, la madre de Pi, que en esta segunda versión ha sobrevivido, tiene una álgida discusión con el cocinero quien, en un arranque de ira, la mata; entonces Pi, nuestro tigre Richard Parker, asesina al cocinero y queda varado sólo en medio de la nada. ¡Una obra maestra!

Pi, al final de la película, nunca nos aclara cuál de las dos historias es cierta, de hecho, le pregunta al asombrado novelista: “¿cuál prefiere usted?” Yann Martel le responde con una sonrisa que prefiere la del tigre, y, ¿quién no? Sin embargo la película nos ha dejado con preguntas que nos obligan a contestarle a Pi adulto que sí, que todo ello debe tener un significado o nada de ello tendría sentido. Entonces nos preguntamos: ¿Dios estaba ahí?, ¿el tigre y todos los animales estaban ahí en movimiento del destino que hizo a Pi reencontrarse con Dios?, ¿toda esa historia es una fábula creada para no lidiar con el trauma del canibalismo, del asesinato y del salvajismo de matarse entre ellos hasta que uno solo quedará vivo?, ¿no eran todos esos animales proyecciones psicológicas de Pi para no culpabilizarse?, si somos también animales, ¿dónde está nuestra alma?, si en situaciones extremas podemos volvernos como Richard Parker, que come carne cruda de una cebra, un orangután, una hiena y una rata.

Creo que al final de la cinta todo se resume a un punto: depende del significado que quieras darle. Y esa es la respuesta que nos da la película: la fe, en cualquier cosa, es el significado que escogemos darle a las cosas. Dependiendo de que versión creas, tomarás una postura más o menos definida: ¿es la versión religiosa la que te apetece?, ¿es la psicológica?, ¿es la filosófica?, ¿es la nihilista?, ¿es la deshumanizada?… ¿cómo quieres ver tú el mundo?