El gasolinazo mexicano y la Ford de Trump

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Foto cortesía de Nación 321

La situación actual del país me hacer recordar aquellos años antes de la Independencia y la Revolución Mexicana en que el descontento se hacía, poco a poco, cada vez más evidente. Y, como en ese entonces, las clases en el poder ignoraban los signos de lo que se avecinaba. Ciertamente, en esta época es difícil predecir la posibilidad de un estallido social: hemos estado tan cerca de éste y, en pocos días, hemos visto como rápidamente se desvanece; lo que es indudable, sin embargo, es que este país nos huele a descontento, a hartazgo de la clase política y a ansia de cambio. El gasolinazo del que todos los mexicanos sabíamos y con el que recibimos este año que comienza vuelve a poner el dedo en la llaga: México se está convirtiendo en un polvorín que nos sorprende con estallidos inesperados. Llevamos tres días con carreteras cerradas, toma de gasolineras, saqueos, vandalismos, consignas, marchas y un sinfín de conflictos localizados que se extienden a lo largo de la república y que le toma el pulso a los ciudadanos. Pero, ¿qué significa el gasolinazo y por qué es preocupante?

No soy un experto en política, pero el ambiente en el que se desarrollará la economía mexicana los próximos años es oscuro. El ascenso de Trump al poder y la política económica de Peña Nieto nos ponen en una posición desfavorable. Y es que la política pragmática y abierta del presidente mexicano abre las puertas a, digámoslo así, la inversión extranjera que, según los cálculos de la actual administración, permitiría un mayor flujo de capital en la población que, en consecuencia, aumentaría su calidad de vida y su nivel de poder adquisitivo, lo que, en teoría, debería traducirse en estabilidad política, contento social y nuestra entrada al primer mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, hemos asistido al ascenso en el primer mundo de una clase política xenófoba que quiere concentrar su esfuerzos en consolidar e iniciar un camino nacionalista y proteccionista que frene el fenómeno que ya viene presentándose desde algunos años: el conflicto de poder mundial que supone la emergencia de nuevas potencias y que genera una sensación de caos y de inestabilidad que, naturalmente, aterra a las sociedades que ven disminuir su poder e influencia en el mundo.

Justo a un día de las protestas del gasolinazo, se hace viral la noticia de que la empresa automotriz Ford cancela una inversión de 1,600 millones de dólares. Vivimos en una paradoja. Un país que se abrió al extranjero, gracias a una política neoliberal priista, mira como, el principal beneficiado del TLC, Estados Unidos, se retira auspiciado por una administración emergente que va a poner en jaque muchas de las inversiones exteriores que se esperaban en el país. Es en este contexto en el que el gasolinazo debe preocuparnos a todos, porque no sólo está poniendo en evidencia que el poder adquisitivo de los mexicanos no ha visto los beneficios que la administración peñista había proyectado, sino que, además, ahora la población mexicana tendrá que enfrentarse al hecho de que, al concentrarse en el capital externo y en los beneficios a corto plazo, el capital interno que sustentaría la posibilidad de una competencia justa es inexistente. México no tiene un mercado interno fuerte, no existe un desarrollo tecnológico constante, ¡vaya!, no existe ni siquiera desarrollo tecnológico, las empresas mexicanas, entre ellas PEMEX, no tienen la capacidad tecnológica ni de mercado para enfrentarse al tú por tú con empresas extranjeras que mueven sus hilos en un nivel transnacional y no nacional −empobrecido− como PEMEX. El gasolinazo, por ende, nos obliga a plantearnos más preguntas: sin la inversión esperada del extranjero, ¿cómo va a mejorar el poder adquisitivo de los mexicanos?, y, si las gasolineras extranjeras entran al mercado interno, ¿cómo afectará esto a PEMEX y a la competencia de precios?, ¿PEMEX está preparado para hacer frente a una producción que no sólo puede resultar más barata sino también más rápida, más eficiente, y que brinde una sensación de modernidad de la que PEMEX carece?, si esto pasa con PEMEX, ¿qué les espera a los otros mercados?, más aún, ¿fue una buena estrategia abrir el mercado interno al extranjero, debilitando sus virtudes y potenciando sus defectos, sin haber medido el pulso político que guiaría las sorprendentes elecciones en EUA, Colombia, UK, etc.?

El gasolinazo también nos enseña que lo que empezó con descontentos muy localizados como el EZLN en Chiapas y que luego se potencializó con las autodefensas, con las protestas multitudinarias tras la desaparición de 43 normalistas y el gran desasosiego que el crimen organizado ha hecho pulular por el país desde hace años, ahora toca sectores mucho más heterogéneos: ¿quién protesta por los gasolinazos?… aquellos que tienen un auto: la clase media que, en los conflictos anteriores, no se había identificado o que ni siquiera se había preocupado por esos problemas que parecían muy alejados de su realidad. Ni siquiera es el sector estudiantil, que fue el más indignado por la desaparición de los normalistas. La heterogeneidad del descontento debería poner en guardia a la clase política, ya que la inestabilidad en el país podría agravarse si es que se da el caso del aumento en los productos de necesidades básicas: los alimentos; y si algo nos ha enseñado la historia es que un pueblo con hambre es un pueblo rabioso y listo para el ataque.

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