CORTO: Meu amigo Nietzsche (Mi amigo Nietzsche)

  • Director: Faustón da Silva
  • Año: 2012
  • País: Brasil
  • Lengua: Portugués
  • Corto de 15 minutos.

¿De qué va?

En una favela del Brasil más azotado por la pobreza, un niño, Lucas, que crece en un ambiente precario y poco educado, tiene problemas para obtener buenas notas en la escuela. Un día, persiguiendo un papalote, llega al basurero de su comunidad, donde por casualidad encuentra un libro de Nietzsche, Así hablaba Zaratustra. Tras unos traspiés con la lectura de la portada, de los cuales sale bien librado gracias a un recolector de basura, comienza a leer ávidamente. La lectura lo transforma, lo que, en un ambiente como el suyo, comienza a preocupar no sólo a su madre sino, irónicamente a su maestra, quien no logra entender al niño que ha leído tres veces a Nietzsche.

Lo bueno:

  • El trasfondo de una sociedad consumida por la miseria contrasta con la repentina aparición de un personaje transformado por una sola lectura.

Miralo aquí:

Análisis (Spoilers)

El corto es una oda a la lectura. Un niño cualquiera encuentra un libro del que es incapaz, siquiera, de entender el nombre del autor: la crítica social es de una profundidad enorme. Su madre y su padre le dicen que “Nietzsche” es una palabra en inglés, una tendera le dice que no sabe qué significa y la ignorancia del muchacho nos dice que tampoco la escuela ha sido capaz de resolver esa laguna. Rendido, decide dejar el libro en un carro de chatarra.

Ahí está la metáfora que permea todo el corto: en medio de la basura, en medio de la chatarra, en el olvido, pueden brillar las joyas de una cultura que espera a aquellos que se atrevan a hojearla. Y son esos lectores, los que viven de recoger la chatarra, los pensadores que no tienen (parafraseando al Papa Francisco) buen mercado, los que alumbran al niño: el recolector de chatarra le explica que Nietzsche es el nombre del autor alemán del libro y qué, a pesar de la dificultad, la lectura será grata.

En efecto, lo es. Una lectura transforma… y Lucas se convierte en un fiel seguidor de Nietzsche, pues es capaz de citarlo después de haberlo leído tres veces; sus calificaciones mejoran; sus palabras calan hondo en una sociedad que no está preparada para ni sabe quién es Nietzsche. En una parodia que resulta conmovedora: la madre confunde al autor con un amigo del niño. Y le prohíbe volverse a juntar con él. Hasta en la escuela, donde se supondría que las palabras de Nietzsche tendrían un espacio, la maestra se escandaliza con el superhombre al que aspira Lucas. No lo comprende. La ignorancia de las instituciones, la incultura en la que viven y, en consecuencia, en la que mantienen a los jóvenes, es puesta en evidencia. ¿Saber más significa obtener mejores notas? La exigencia de esas notas por parte de la maestra y de la madre entran en conflicto con su reacción ante un niño que no sólo mejora las notas sino que se vuelve culto: ¿entonces que es la educación?, parece preguntarnos veladamente el corto. En un movimiento inesperado la madre y la maestra entran en contacto para arrebatarle el libro al niño. Una ironía del director que nos deja boquiabiertos: son aquellos que quieren educación, pero que no la tienen, los que le temen más cuando la miran, pues no la comprenden.

Al final del corto, Lucas, desesperado, corre a buscar su libro al basurero. Quiere más. Regresa al basurero, a aquello que la sociedad ha decidido ignorar (la cultura) y, buscando… encuentra, pero no a Nietzsche, sino a Marx, El manifiesto comunista. El director en una pincelada maestra nos dice: la biblioteca de Lucas es el basurero, es ese lugar donde nuestra sociedad, sumida en la miseria y, al mismo tiempo, ignorante y contemporánea, pone los libros.

El reto Donald Trump

Sin duda alguna lo que se vive hoy en el mundo, con la llegada de Donald Trump a la presidencia norteamericana, son un sinfín de cuestionamientos: ¿qué significa la llegada de Trump?, ¿hasta dónde puede llegar su política de reacción contra los principios liberales?, ¿un empresario puede manejar un país con la envergadura de EUA?, ¿qué nos depara a los países que vivimos mamando leche de las ubres de la vaca norteamericana? Para responder a estas preguntas es necesario decir una cosa: vivimos en un mundo de libertad irreversible. Y a lo que me refiero con esto, es que se ha llegado tan lejos en el proceso de globalización, que es difícil que unos cuantos hombres logren desbaratar este sistema. Y no sólo porque estos nuevos personajes ultra conservadores que se han venido a reproducir en estos tiempos tienen que moverse en un contexto internacional hipercomplejo, sino porque existe un huracán imparable, la conectividad global, que los pone en el ojo de todos los medios del mundo y que les va a mostrar que no es fácil mantener el poder que, así como llega , también puede irse inesperadamente.

Donald Trump es representante y portavoz de un mundo colapsado: el de la MODERNIDAD. A sus 70 años, Trump es la imagen de esa generación que vivió la transición de una época económica de industrias internacionales, sobre la que EUA cimentó su colonización cultural mundial, a una época digital que ha venido a remover el sistema económico, social, político, cultural, etc., y que, en la sociología contemporánea, se ha venido a denominar POSMODERNIDADNuestro tiempo es el tiempo de la transición, porque aunque el concepto de POSMODERNDAD va y viene por el mundo cultural como moneda de cambio, lo cierto es que ni siquiera es una época consolidada. Lo sabemos. Existe un amplio sector de la población mundial que no goza de los avances tecnológicos que han puesto en jaque al sistema de la modernidad pasada, pero es indudable que, como en la época en que el libro era un lujo que algunos cuantos podían presumir, eso va a cambiar. Y lo hemos vivido. La expansión a más sectores de la población de tales tecnologías ha supuesto una revolución cultural que, precisamente, los viejos integrantes de la modernidad de la posguerra ven con horror y sobre la que tejen sus discursos xenófobos y antiglobalizantes. De hecho, Trump es una paradoja: es la generación que cimentó su crecimiento económico en los movimientos internacionales, es decir, los que dieron los primeros pasos a la globalización, y que, viendo el horror que han desatado, quieren echarse para atrás y aferrarse a los “valores” culturales que han olvidado en el camino. Pero, ¿qué valores enarboló la MODERNIDAD que estos nuevos personajes puedan defender? Trump representa esos valores: es un empresario inescrupuloso arrepentido de abrir las puertas a una globalización imparable y que, en un último esfuerzo, va a intentar detener lo inevitable mediante un discurso vacío de nacionalismos baratos que se acabaron tras las Guerras Mundiales. Y no es que no puedan resurgir tales nacionalismos. ES QUE EL NACIONALISMO ES UN DISCURSO QUE LA MODERNIDAD, a la que pertenece Trump, COMENZÓ A DESBARTAR Y QUE, PARA LA POSMODERNIDAD, DEJA DE TENER VALOR, NO POR INEXISTENTE, SINO PORQUE AHORA SE CONFORMA DE PALABRAS VACIAS Y PREHISTÓRICAS QUE NO TIENEN NADA QUE VER CON NUESTRO TIEMPO.

Naturalmente al hablar de Trump sólo lo hago por referirme a un hecho concreto, pero esto también explica el Brexit, los movimientos a favor de la familia natural, los fracasos por reintentar sistemas basados en las viejas políticas de la modernidad, los resultados en el referéndum colombiano. Es decir, entramos en la época en que estos fenómenos van a surgir pero que, si la inercia histórica lo permite, no van a trascender. Porque es una generación vieja y en decadencia que, inevitablemente, tendrá que cederle el lugar a la generación milennial. Los viejos mueren y los jóvenes viven. Y es ahí donde, a pesar del daño que pueda causar la llegada de Trump a la presidencia, conviene detenerse a pensar si verdaderamente este hombre tendrá el poder suficiente para trastocar la política internacional de tal manera que estemos ante un retroceso de proporciones bíblicas. Naturalmente sus decisiones tendrán un impacto internacional importante, pero, como lo vemos en un nivel local, podría ser que Trump vea que, en la época posmoderna, no es tan fácil triunfar con un discurso y una política atada a las viejas usanzas. Y hay que sumarle a tal ambiente cultural una política mundial muy delicada cuyo equilibrio, con cualquier mala decisión, puede dar al traste con la hegemonía norteamericana, por lo que es muy probable que todo su equipo y su partido mismo vayan a tener un papel preponderante en el modo en que este hombre va a conducirse.

Y no se diga de la oposición, en la que quiero detenerme un poco más. Porque una de las cosas que más deben destacar de la investidura presidencial de Trump, es que su triunfo es un triunfo más bien político, pero no un triunfo social. Es el sistema el que le dio el poder y no los votos de la sociedad, porque, como ya se ha dicho mucho, fue Hilary Clinton la que obtuvo la mayoría de votos netos. Entonces Trump llega ya de por sí debilitado a la presidencia –su triunfo tiene cierta analogía irónica con la investidura de Enrique Peña Nieto, cuyo fracaso es ya muy evidente−; su avance político se verá seriamente condicionado por la oposición de una sociedad que no lo quería en la banca presidencial, y este lastre puede ir aumentando con el paso del tiempo, dado que, como él mismo tendrá que comprobar, hacer campaña política es muy fácil: vender discursos, hacer contratos –nuevamente te lo firmo y te lo cumplo−, etc., pero gobernar y manejar los hilos tan delicados de la paz nacional y mundial es otra cosa. Veremos si su lengua, que ha demostrado ser más rápida que su capacidad de perspectiva, es lo suficientemente certera para sortear todos esos obstáculos que tendrá que saltar para cumplir una agenda demasiado ambiciosa y retrograda en una sociedad que ya no es la de su juventud.

Lo que sí puede pasar, y que tienes su polo negativo y positivo, es lo siguiente: que la hegemonía norteamericana se vea mermada con el paso de los años en que Trump estará en el poder. Y esto tiene su lado bueno: la libertad de nosotros, sus vecinos, que hemos sufrido de manera permanente, el peso de los tentáculos omnipresentes de EUA. Desde hace muchos años, o quizá nunca, había habido un presidente norteamericano cuyo interés en nuestro país fuera tan nulo. Las partes malas, sin embargo, se reflejaran en un panorama internacional sumamente movible que quizá se traduzca en una reconstitución geopolítica: nuevas alianzas, fortalecimiento de competidores, nuevos tentáculos que querrá apoderarse de los sectores que EUA deje libres y, es ahí, donde asistiremos quizá a una lucha encarnizada –que puede traducirse, sí, en guerra− para conquistar estos puntos vulnerables del mundo. México, desgraciadamente, es uno de ellos. Y esto reta a nuestro país a reconsiderarse. ¿Qué vamos a hacer con nosotros mismos sin esa presión tentacular?

PELICULA: LIFE OF PI (Una aventura extraordinaria)

  • life_of_pi_2012_posterAÑO: 2012
  • DIRECTOR: Angel Lee
  • Basada en la novela Life of Pi de Yann Martel, basada, a su vez, de la novela Max e os felinos del escritor brasileño Moacyr Scliar.

¿DE QUÉ VA?

Un joven indio que, tras una crisis existencial, se enfrenta a 227 días como naufrago. Tras hundirse el barco que lo trasladaba a él y a su familia de la India a Canadá, Pi (Suraj Sharma) se encuentra varado en el océano pacifico con cinco acompañantes muy particulares: una cebra, una hiena, un orangután, una rata y un tigre; tras algunos acontecimientos quedaran solo él y el tigre. Pi tendrá que aprender a convivir con su único compañero, al que se verá unido no sólo por el temor sino también por la fascinación, la compasión y el amor…

¿QUÉ NOS DEJA?

Película ALTAMENTE RECOMENDABLE.

  • BUENA HISTORIA:el guion, la fotografía, el montaje y la dirección son espectaculares. Hay un buen manejo de la narrativa, ya que nos van soltando poco a poco los puntos relevantes para comprender la trama, misma que nos sensibiliza a una historia en apariencia muy simple pero cargada de significados.
  • MANEJO DE LA FICCIÓN: una de las cosas que más conmueve de la película, es la manera en que la simpleza de la narración pasa desapercibida en la complejidad del significado; al final nos queda una sensación de estar ante una película extremadamente compleja.
  • INTERTEXTUALIDAD: para aquellos amantes de la PSICOLOGÍA, la FILOSOFÍA, la RELIGIÓN, la POESÍA, la CIENCIA y seguramente de otras áreas que en este momento se me escapan, la película pone en la mesa temas espinosos: ¿dónde está Dios?, ¿quién es Dios?, ¿es sólo una religión la verdadera?, ¿qué pasa cuando nos volvemos instintivos?, ¿los animales tiene alma?, ¿solo la ciencia puede darnos las respuestas?, ¿y nuestra mente?, ¿cómo sobrevivimos a los traumas?, ¿puede ser la realidad sólo una construcción psicológica?

ANÁLISIS (SPOILERS)

Alguna vez se han preguntado, ¿QUÉ ES LA FE? Casi al final de la película, Pi (Irrfan Khan) nos suelta una frase llana pero significativa: “Pasó lo que pasó, ¿por qué tendría que significar algo?”. Y es cierto, después de todo, nos damos cuenta que hemos sido nosotros, los espectadores-escuchas, los que hemos puesto significado a toda la trama.

De niño, Pi tiene un espíritu receptivo, abierto a un mundo que no es el de su padre y quizá tampoco el de su madre: ellos, como dice el protagonista, son parte de la llamada “nueva india”, una sociedad occidentalizada que pone su fe, su creencia, en la ciencia, en la razón. Sin embargo, Pi es un niño religioso, es un niño deslumbrado y curioso por las enseñanzas de la religión hinduista, cristiana y musulmana; es un niño que da gracias a Dios antes de comer sus alimentos y que se admira de Cristo, un Dios que sacrificado por y para los seres humanos. Dos mundos entran en choque desde el inicio: la religión y la ciencia. Su padre, decidido a demostrarle a Pi que los animales no tienen alma, hace que Pi y su hermano Ravi observen como Richard Parker, el tigre que acompañará al protagonista en mar abierto, se coma una cabra viva despiadadamente. Este es el quiebre trascendental para nuestro protagonista, que a partir de aquí entra en una crisis existencial donde el mundo y la vida pierden todo su significado. No es extraño… para la religión hindú, el samsara es el ciclo de las reencarnaciones que sufre el alma en su intento por alcanzar el absoluto, por lo que, para Pi, es normal que en los ojos del tigre, haya algo, acaso un alma que hace al tigre digno de respeto y amor; pero su padre ha destruido todo, en un intento de mostrarle la “nueva india”, ha destruido su sensibilidad religiosa. Entonces el joven Pi lee a Camus y Dostoievski, tratando de encontrar nuevamente los significados, se hunde en la literatura para darse cuenta que es insuficiente.

Es entonces cuando llega el amor. Anandi (Sharavanthi Sainath), es una joven bailarina que no es una mera casualidad en la cinta. Ya desde Platón y mucho antes, es el eros, el amor, lo que nos lleva al conocimiento, es el inicio del camino a reencontrarse con el absoluto. De hecho, la danza, en este punto, representa el universo: Anandi es la diosa Maya que, con sus espejismos, sus movimientos, sus atracciones nos esconden al absoluto, pero, al ser una danza religiosa, una danza de la creación, también nos lo descubren: en el deseo del amor por unirse con el otro, es Anandi la que le abre las puertas a Pi para el reencuentro con su viejo amigo: Dios. Sin embargo ella no es Dios y tampoco es el significado que tanto anhela Pi.

Pi es 3.1416, el número irracional que significa Pi, pero, al mismo tiempo, una secuencia de números arbitrarios que no significan nada sino Pi. Recursivamente, Pi se encuentra vacío, y es entonces cuando se hunde el barco que lo trasladan a él y a su familia a Canadá. Queda varado en una barca que, con algunas vicisitudes, da asilo a él y a cinco animales: el tigre, la hiena, el orangután, la cebra y la rata. ¿Tienen algún significado estos animales? No lo sé con certeza, pero lo que nos salta a la vista es una mezcolanza extraña: dos carnívoros, uno de ellos carroñero; un orangután, pariente cercano al homo sapiens; un roedor y una cebra que nos ponen en guardia con su pasividad. Pi tiene que ver como, entre ellos, se matan hasta que sólo queda el tigre, que ha triunfado en la cadena alimenticia en que se convierte la pequeña embarcación. No es necesario detenerse tanto en el viaje, porque este encuentra su significado tan solo al final de la película, pero conviene decir que es un viaje de expiación, Pi redescubre lo magnifico, lo grandioso del mundo, cuando se encuentra solo frente a él. Las escenas de proporciones gigantescas nos sugieren lo que el mundo le quiere sugerir a Pi: Dios existe y está en la inmensidad de lo que te sobrepasa, de la enorme ballena, del cardumen ingente de medusas, de una isla desproporcionada, de miles, millones de suricatas, de miles de estrellas y de una tormenta terrible que no alcanzas a ver con tus ojos. Ahí está.

Pi sobrevive, por supuesto, y mientras su yo adulto nos narraba su viaje, se llega al punto medular de la película: ¿es cierta su historia? El novelista Yann Martel (Rafe Spall) queda confundido cuando Pi le narra la otra versión, la que le contó a los de la aseguradora japonesa que tiene que dar cuenta del barco hundido: la cebra era un marino, la hiena era un cocinero nauseabundo del barco, el orangután era su madre y él era el tigre. El marino, con la pierna rota, es asesinado por el cocinero, quien, además, lo usa como anzuelo para cazar peces; sin embargo, la madre de Pi, que en esta segunda versión ha sobrevivido, tiene una álgida discusión con el cocinero quien, en un arranque de ira, la mata; entonces Pi, nuestro tigre Richard Parker, asesina al cocinero y queda varado sólo en medio de la nada. ¡Una obra maestra!

Pi, al final de la película, nunca nos aclara cuál de las dos historias es cierta, de hecho, le pregunta al asombrado novelista: “¿cuál prefiere usted?” Yann Martel le responde con una sonrisa que prefiere la del tigre, y, ¿quién no? Sin embargo la película nos ha dejado con preguntas que nos obligan a contestarle a Pi adulto que sí, que todo ello debe tener un significado o nada de ello tendría sentido. Entonces nos preguntamos: ¿Dios estaba ahí?, ¿el tigre y todos los animales estaban ahí en movimiento del destino que hizo a Pi reencontrarse con Dios?, ¿toda esa historia es una fábula creada para no lidiar con el trauma del canibalismo, del asesinato y del salvajismo de matarse entre ellos hasta que uno solo quedará vivo?, ¿no eran todos esos animales proyecciones psicológicas de Pi para no culpabilizarse?, si somos también animales, ¿dónde está nuestra alma?, si en situaciones extremas podemos volvernos como Richard Parker, que come carne cruda de una cebra, un orangután, una hiena y una rata.

Creo que al final de la cinta todo se resume a un punto: depende del significado que quieras darle. Y esa es la respuesta que nos da la película: la fe, en cualquier cosa, es el significado que escogemos darle a las cosas. Dependiendo de que versión creas, tomarás una postura más o menos definida: ¿es la versión religiosa la que te apetece?, ¿es la psicológica?, ¿es la filosófica?, ¿es la nihilista?, ¿es la deshumanizada?… ¿cómo quieres ver tú el mundo?

El regreso de Carmen Aristegui

Cada persona es un mundo y, al mismo tiempo, es los errores que le hace cometer su reducido campo de visión. En este sentido, cuando se le imputa a la periodista Carmen Aristegui una parcialidad que se decanta negativamente por las derechas mexicanas no queda más que aceptar tal afirmación. Y es que en un país donde las derechas dominan las cúpulas de poder, considero, no queda más que agradecer que exista un nicho periodístico que nos ayude a reconocer el olor a podre que desprenden los tentáculos del poder que se extiende a los medios de comunicación tradicionales. Este 16 de enero de 2017, Carmen Aristegui vuelve a abrir un espacio para que su voz se escuche y para que los mexicanos podamos disfrutar de un noticiero que no esté de lado de los poderosos y que nos permita mirar las cosas desde otra perspectiva.

El valor de Carmen reside en eso que nos cuesta trabajo a la mayoría de las personas: la perspectiva. Los noticieros tradicionales, lo sabemos, a veces a voces, a veces con certeza, a veces con dudas, manipulan las noticias para favorecer a algunos (y ¿quién no manipula cuando se trata de la información?); y cuando, yo al menos, escucho a Carmen Aristegui, reconozco que me dice las cosas de otra manera, que se posiciona en otro ángulo que no es el de los noticieros tradicionales y que ese ángulo me agrada, me abre otra perspectiva. Y más aún cuando vemos que es una periodista que no ha podido ser silenciada por un gobierno en franco declive y cuya credibilidad no sólo está en su peor momento histórico, sino que además ayuda a la credibilidad de terceros, como es la voz de Carmen. ¿Y cómo no?, si son esas voces incómodas las que nos obligan a ver las cosas desde otras caras… son esas voces las que nos dijeron: este gobierno está haciendo mal las cosas y las consecuencias van a ser desastrosas.

Otra palomita para su gran equipo: ha apostado por el segmento de mercado en el que es más fuerte y en el que se han convertido en influencer, el cada vez más impresionante mundo del INTERNET. Creo que Carmen no sólo está demostrando lo que es tener pasión por el periodismo (y probablemente mucha ayuda de terceros ocultos a los que les conviene tal periodismo), sino que además es parte de un parteaguas para el México contemporáneo, cuyos miembros vemos con asombro como los medios de comunicación se transforman. Y es que Aristegui se suma a proyectos tan interesantes como Proceso TV, donde esas voces que en otros tiempos tenían muy poco eco, de pronto pueden tener millones de seguidores ávidos de algo diferente, porque, como vuelvo a repetir, la información puede parecer siempre la misma (a veces) tanto con Carmen como en Televisa o en TV Azteca, pero no, la forma en que se presenta la información siempre es diferente e importante. La información hay que analizarla, hay que comprenderla, hay que desgajarla y examinar a sus actores, las acciones que la conforman, los elementos que la componen, etc. Carmen Aristegui logra su credibilidad gracias a que, desde su muy particular campo de visión, se toma el tiempo de desgajar la información de la manera en la que nos gusta a los que ya nos aburren los medios tradicionales. Y eso se agradece.

Probablemente mi voz no llegue al equipo de trabajo de Aristegui, pero realmente agradezco, y los mexicanos deberíamos estar muy orgulloso también, de que existan personas de este tipo en un país que nos desilusiona muchas veces. Bienvenida Carmen, a ti y a todo tu equipo de trabajo, ojalá nos dure mucho tu voz por estos medios.

La existencia de Dios (reflexión)

Existe una cita de Carl Gustav Jung que es pardójica:

“Todas las épocas anteriores a la nuestra creyeron en dioses, de una u otra forma. Sólo un empobrecimiento sin parangón del simbolismo podía permitirnos descubrir que los dioses son factores psíquicos, es decir, arquetipos del inconsciente. Es indudable que este descubrimiento resulta aún difícil de creer. ” 1

Y digo paradójica porque como lingüista es interesante mirar, otra vez, como caemos en la trampa del lenguaje…  Una de las implicaciones de tal pasaje, me parece, es esa en donde de una manera velada se vuelve a afirmar lo que nuestra sociedad enarbola como axioma cultural: la inexistencia física o metafísica de la divinidad. Si los dioses son psíquicos, ¿existen? Y nos resulta paradójico que un hombre cono Jung, individualidad excéntricamente mágica en una época de extrema racionalidad, parezca rendirse nuevamente ante tal axioma aun a sabiendas de lo tramposa que puede ser una afirmación de esta envergadura (y aquí supongo su conocimiento de las trampas del lenguaje).

Pero, ¿por qué?, ¿por qué se cae nuevamente en la trampa del discurso?, ¿por qué es engañosa la afirmación de la inexistencia metafísica –ya no digamos física− de la divinidad? Existen, considero, cosas que siempre escapan al discurso… en realidad, la mayoría de las veces el discurso es el que nos parece tan reducido, que creo más adecuado decir que es siempre el discurso el que intenta imponer un corsé de fuerza a la realidad que es, en contraposición, inabarcable e indomable. Y es esa sutileza, la sutileza de creer que un discurso ha agotado las posibilidades, la que nos hace dar esos resbalones, pues ningún discurso, sea cual sea su extensión, su comprobabilidad empírica, su utilidad social, etc., puede dar cuenta de lo inabarcable de lo real.

Sin meterme en esa discusión un tanto estoica y hasta cierto punto interminable de si lo real existe objetiva o subjetivamente, permítaseme la licencia de decir que lo real es eso que esta fuera de nosotros mismos (pero, donde también nosotros somos reales porque formamos parte de lo que está fuera de un otro); todo ese entorno complejo, que va más allá de mi colonia, más allá de la tierra, más allá del sistema solar, más allá del universo, más allá de lo que no sabemos si es universo o no, más allá de la duda de lo que existe más allá, todo eso es, dígamoslo temarariamente, LO REAL. Sin emabrgo, también es cierto que lo que ha venido a demostrar la historia, la psicología y los estudios de la mente, es que el constructo de lo real a nivel “subjetivo” lo utilizamos para movernos en todo aquello que es realidad “objetiva”. Es por ello que en realidad no perdemos nada, PORQUE LO ÚNICO QUE QUIERO DECIR Y RESCATAR ES QUE EL DISCURSO ES SIEMPRE ESA REALIDAD SUBJETIVA QUE IMPONEMOS A LO INABARCABLE Y A VECES INCOGNOSCIBLE DE LA REALIDAD “OBJETIVA” QUE NOS SOBREPASA.

Y lo dicho anteriormente es lo que pone en tela de juicio cualquier afirmación sobre la inexistencia de la divinidad. Somos seres inmiscuidos en la creación, formamos parte de ella, somos, en términos generales, objeto en el objeto, caminamos y vivimos en esa realidad objetiva que nos sobrepasa. Haciendo uso de una metáfora un tanto cuestionable y arbitraria, estamos a ciegas en cuanto a lo que pasa más allá de ese objeto en el que nos movemos (de ahí que la ciencia tenga siempre un límite: el límite de lo que es empirícamente comprobable). Y el querer comprobar la existencia o inexistencia de la divinidad supone un movimiento imposible, en términos epistemológicos, de nuestra posición de objeto en el objeto.

Pensemos, hipotéticamente, que existe una divinidad y que todo la realidad “objetiva” es su creación, pensemos que esta divinidad X tiene en su poder un Y (la realidad objetiva) en donde estamos nosotros insertos como entidades Z; el movimiento requerido para comprobar la existencia o inexistencia de X es que Z –que duda de tal existencia o inexistencia porque su campo de visión se reduce a Y− se mueva fuera de la escena en la que X tiene en su poder a Y o en donde, alternativamente, Y no existe en relación con un X (que supondría la comprobación de la inexistencia de la divinidad). Es decir, tendríamos que salir de Y, la realidad inmediata en la que nos movemos –cuya naturaleza en términos científicos no alcanzamos todavía a comprender−, para posteriormente salir del ámbito en el que X y Y “posiblemente” se relacionan para convertirnos en un Z’ que valúa si existe o no tal relación. Y esto considerando que X sea una divinidad diferenciada de Y (visión trascendente de la divinidad) y no que sea parte consustancial de Y (visión inmanentista de la divinidad), donde la complejidad radica en que Z, que reside en el interior de X-Y, tiene la obligación, para comprobar la existencia o inexistencia de X, de distinguir aquello que es X de aquello que es Y, pero como X y Y son inmanentes, por default, es imposible saber si, siquiera, existe una diferenciación, aún más, darla por sentada es asumir la existencia de X; y, en términos todavía más peligrosos, ¿cómo distinguir entre Z, que por su estar en X-Y es, por default, X-Y, de X-Y? Ni siquiera estaríamos en posición de afirmar que nosotros no somos X.

Lo que sí estamos en posición de asumir, con plena conciencia, es que si aceptamos o no la existencia de la divinidad, debemos vivir en consonancia con cualquiera de tales elecciones, es decir, debemos ASUMIR UN DISCURSO QUE EXPLIQUE NUESTRA RELACIÓN CON LA REALIDAD. Pero cualquiera de esos discursos es UNA IDEOLOGÍA, porque es imposible comprobar ya sea experiencial o físicamente la existencia o no existencia de la divinidad; es un constructo discursivo en el que permitimos que la existencia o inexistencia de la divinidad forme parte de nuestra organización del mundo. El peligro, como sucede en la afirmación de Jung, reside en dar por descontada esa imposibilidad epistemológica de conocer la existencia o inexistencia de la divinidad. Desde el terreno de la psicología, incluso, deberíamos preguntarnos si no los arquetipos también son constructos psico-discursivos casi prehistóricos que se imponen sobre el mundo y que permiten categorizarlo y enmarcarlo de manera inconsciente, pero que no por ello dejan de ser maleables y mutables, ya que representan partes de la psique, pero, al final, no son la psique en sí misma sino el modo en que ésta se representa a sí misma. Naturalmente existen lazos entre la realidad y el arquetipo imposibles de cambiar, ¿pero son así de estables?, ¿la realidad psicológica de la divinidad es una negación inmediata de la existencia en la realidad de la divinidad?, ¿la realidad psicológica de la divinidad, si se acepta la existencia real de ésta, es la descripción fiel de la divinidad misma?, ¿la sola integración de lo masculino y lo femenino en la realidad psicológica del individuo se traduce inmediatamente en un conocimiento pleno de la divinidad?, y si el hecho de considerar a la divinidad como masculina y femenina a la vez está condicionado por la realidad psíquica que a su vez es una traducción psicológica de lo real, ¿qué validez tiene entonces cualquier discurso que está empañado por esa interrelación entre la psicología del individuo y la realidad misma que lo sobrepasa?

1. JUNG, C. Obras Completas, vol. IX, pág.72. En Edward C. Whitmont (1998), El retorno de la diosa. El aspecto femenino de la personalidad, Paidós, p. 31.

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El gasolinazo mexicano y la Ford de Trump

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Foto cortesía de Nación 321

La situación actual del país me hacer recordar aquellos años antes de la Independencia y la Revolución Mexicana en que el descontento se hacía, poco a poco, cada vez más evidente. Y, como en ese entonces, las clases en el poder ignoraban los signos de lo que se avecinaba. Ciertamente, en esta época es difícil predecir la posibilidad de un estallido social: hemos estado tan cerca de éste y, en pocos días, hemos visto como rápidamente se desvanece; lo que es indudable, sin embargo, es que este país nos huele a descontento, a hartazgo de la clase política y a ansia de cambio. El gasolinazo del que todos los mexicanos sabíamos y con el que recibimos este año que comienza vuelve a poner el dedo en la llaga: México se está convirtiendo en un polvorín que nos sorprende con estallidos inesperados. Llevamos tres días con carreteras cerradas, toma de gasolineras, saqueos, vandalismos, consignas, marchas y un sinfín de conflictos localizados que se extienden a lo largo de la república y que le toma el pulso a los ciudadanos. Pero, ¿qué significa el gasolinazo y por qué es preocupante?

No soy un experto en política, pero el ambiente en el que se desarrollará la economía mexicana los próximos años es oscuro. El ascenso de Trump al poder y la política económica de Peña Nieto nos ponen en una posición desfavorable. Y es que la política pragmática y abierta del presidente mexicano abre las puertas a, digámoslo así, la inversión extranjera que, según los cálculos de la actual administración, permitiría un mayor flujo de capital en la población que, en consecuencia, aumentaría su calidad de vida y su nivel de poder adquisitivo, lo que, en teoría, debería traducirse en estabilidad política, contento social y nuestra entrada al primer mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, hemos asistido al ascenso en el primer mundo de una clase política xenófoba que quiere concentrar su esfuerzos en consolidar e iniciar un camino nacionalista y proteccionista que frene el fenómeno que ya viene presentándose desde algunos años: el conflicto de poder mundial que supone la emergencia de nuevas potencias y que genera una sensación de caos y de inestabilidad que, naturalmente, aterra a las sociedades que ven disminuir su poder e influencia en el mundo.

Justo a un día de las protestas del gasolinazo, se hace viral la noticia de que la empresa automotriz Ford cancela una inversión de 1,600 millones de dólares. Vivimos en una paradoja. Un país que se abrió al extranjero, gracias a una política neoliberal priista, mira como, el principal beneficiado del TLC, Estados Unidos, se retira auspiciado por una administración emergente que va a poner en jaque muchas de las inversiones exteriores que se esperaban en el país. Es en este contexto en el que el gasolinazo debe preocuparnos a todos, porque no sólo está poniendo en evidencia que el poder adquisitivo de los mexicanos no ha visto los beneficios que la administración peñista había proyectado, sino que, además, ahora la población mexicana tendrá que enfrentarse al hecho de que, al concentrarse en el capital externo y en los beneficios a corto plazo, el capital interno que sustentaría la posibilidad de una competencia justa es inexistente. México no tiene un mercado interno fuerte, no existe un desarrollo tecnológico constante, ¡vaya!, no existe ni siquiera desarrollo tecnológico, las empresas mexicanas, entre ellas PEMEX, no tienen la capacidad tecnológica ni de mercado para enfrentarse al tú por tú con empresas extranjeras que mueven sus hilos en un nivel transnacional y no nacional −empobrecido− como PEMEX. El gasolinazo, por ende, nos obliga a plantearnos más preguntas: sin la inversión esperada del extranjero, ¿cómo va a mejorar el poder adquisitivo de los mexicanos?, y, si las gasolineras extranjeras entran al mercado interno, ¿cómo afectará esto a PEMEX y a la competencia de precios?, ¿PEMEX está preparado para hacer frente a una producción que no sólo puede resultar más barata sino también más rápida, más eficiente, y que brinde una sensación de modernidad de la que PEMEX carece?, si esto pasa con PEMEX, ¿qué les espera a los otros mercados?, más aún, ¿fue una buena estrategia abrir el mercado interno al extranjero, debilitando sus virtudes y potenciando sus defectos, sin haber medido el pulso político que guiaría las sorprendentes elecciones en EUA, Colombia, UK, etc.?

El gasolinazo también nos enseña que lo que empezó con descontentos muy localizados como el EZLN en Chiapas y que luego se potencializó con las autodefensas, con las protestas multitudinarias tras la desaparición de 43 normalistas y el gran desasosiego que el crimen organizado ha hecho pulular por el país desde hace años, ahora toca sectores mucho más heterogéneos: ¿quién protesta por los gasolinazos?… aquellos que tienen un auto: la clase media que, en los conflictos anteriores, no se había identificado o que ni siquiera se había preocupado por esos problemas que parecían muy alejados de su realidad. Ni siquiera es el sector estudiantil, que fue el más indignado por la desaparición de los normalistas. La heterogeneidad del descontento debería poner en guardia a la clase política, ya que la inestabilidad en el país podría agravarse si es que se da el caso del aumento en los productos de necesidades básicas: los alimentos; y si algo nos ha enseñado la historia es que un pueblo con hambre es un pueblo rabioso y listo para el ataque.

ADELE– 21

adeleMe gustaría comenzar con una artista que ha marcado mi vida de manera muy profunda en poco tiempo: ADELE

Y, claro está, hablar de EL álbum de su exitosa carrera: 21

Seguramente se ha dicho mucho de este disco. Y no creo aportar nada nuevo. Pero, aun así, quiero relatar de forma rápida y amena lo que me atrae de este trabajo.

VOZ: Adele es una cantante de influencia soul y R&B en el trabajo vocal, es notoria la gran potencia que logra con el belting y el filo de su registro. De hecho, si pudiera crear una metáfora para definir su voz, diría que, en sus momentos más álgidos, es una VOZ CORTANTE COMO EL CRISTAL: de pronto nos sorprende con esas notas que rasgan sus cuerdas vocales y que denotan por supuesto, una falta de técnica, pero que por eso mismo se presentan más vívidas y personales. Logra rasgarnos con su voz punzocortante y, si a ello le agregamos el trabajo en la composición de las letras, creo que es evidente el porqué de esa gran pasión que suscita en las masas y de porqué remueve de manera profunda las emociones: SU VOZ ES SINONIMO DE DOLOR, porque el dolor es siempre una rasgadura, un corte.

CANCIONES: algunas de mis favoritas.

  • Rolling In The Deep. Es un crescendo, el marcaje del ritmo con el tambor nos lleva de la mano. El fuego que crece se percibe en la melodía y estalla en el coro. Toda la canción es una metáfora del fuego. Y también una metáfora de esa transición entre el dolor y la superación.
  • Rumour Has It. Es una niñeria. Es burla. Es una sorna a sí misma y al amante que va y viene. Pero, al mismo tiempo, es la mujer que se recupera y se ríe relatándonos: me cuentan por ahí que sigues pensando en mí.
  • Don’t You Remember. Es una larga meditación. De hecho, los melismas en el coro parecen decirnos: la memoria es larga, es persistente, y por eso son tan largas las vocales. Es también una súplica: remember, remember, remember.
  • Set Fire To The Rain. Lluvia = llanto, tristeza, angustia, dolor. Fuego = olvido, promesa (estaré bien), grito. Una oda a la contradicción: te lloro, te olvido, te lloro, te olvido.
  • One And Only. Un susurro. Algo estoy sintiendo, otra vez: me he enamorado. Mírame: seré tu promesa, la única.
  • Someone Like You. Te busco otra vez. Alguien como tú: nunca te olvidaré, estarás presente en el siguiente amor, así, ad infinitum.

ARTE: Los tonos grisáceos de la portada nos dicen desde ya de que va el álbum: dolor, nostalgia, vintage, lo blanco y negro del soul y el R&B. Ojos cerrados: aún no se atreve a vernos (como lo hará en 25), se encierra en sí misma y sufre. Ladea la cabeza y sube una mano para apoyarse levemente: pensativa, lejana, el drama interno que vierte en sus canciones.